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El agua del molino

México en el Consejo de Seguridad de la ONU

RAUL CARRANCA Y RIVAS

MEXICO PRESIDIRA el Consejo de Seguridad de la ONU a partir del primer día del próximo mes de abril. En consecuencia, nuestro país estará presente y activo en uno de los momentos de mayor relevancia en la historia de la Humanidad y, por supuesto, del inicio del siglo XXI. ¿Qué papel deberemos jugar allí? Yo entiendo que por más disertación que se haga en la materia, hay una respuesta relevante, insustituible e incluso de contenido dramático; a saber, que los problemas del mundo, de las naciones, de cualquier clase y naturaleza que sean aquellos, no se deben dirimir sino por la vía del Derecho, o sea, de la civilización y de la cultura presentes en lo normativo jurídico. Lo cual los Estados Unidos de Norteamérica han pasado por alto con desprecio manifiesto a la comunidad de naciones y a la organización internacional de las mismas. Triste papel el de la ONU en el conflicto de Irak, tanto como el del Consejo de Seguridad a pesar o al margen de los esfuerzos en que se han empeñado muchos de sus delegados o embajadores. Kofi Annan, el presidente de la ONU, ha revelado pusilanimidad, falta absoluta de carácter, de energía política y de habilidad diplomática en el mejor sentido de la palabra. Hizo falta un enérgico señalamiento suyo, una convocatoria a favor de la paz y de la negociación remitiéndose en el caso a los lineamientos generales de la ONU, a sus fines y propósitos y, obviamente, a las sanciones para quien o quienes los desacaten. Se ha tenido un miedo o un temor descarados para decir abiertamente que los Estados Unidos de Norteamérica, con el gobierno de Bush a la cabeza de ellos, incluidos sus aliados, el primer ministro británico Tony Blair y el Presidente Aznar de España, han actuado unilateralmente en este conflicto, no importa que invoquen una "sui generis" "coalición"; de la que por cierto las únicas fuerzas beligerantes son en rigor dos: los Estados Unidos de Norteamérica y la Gran Bretaña.

Ahora bien, en el mundo en que vivimos y en el espacio al que me refiero abundan las presiones políticas, diplomáticas y económicas. Pero la hora de la que somos testigos y partícipes en gran medida nos compromete a todos, absolutamente a todos. Es nuestro destino común el que se halla en juego. En tal virtud, es de esperar que México hable en el Consejo de Seguridad de la ONU con la mayor energía y claridad, siempre apoyado

en  el  Derecho.  A   mi   juicio,   los artificios diplomáticos y sus naturales o desnaturales sutilezas han de ser descartados. Tenemos la obligación moral, histórica y jurídica de denunciar la infamia que se comete, la matanza inhumana y abominable de gente inocente; lo que no implica el apoyo a Saddam Hussein ni a sus posibles armas biológicas o hasta atómicas. La cuestión es denunciar, repito, un genocidio de proporciones casi apocalípticas. ¿De qué servirá esto? ¿Para qué servirá? Yo creo que de mucho, habida cuenta de que no se ha escuchado en la ONU ninguna denuncia enérgica, abierta, digamos oficial, en contra de un verdadero crimen internacional. La Asamblea General de la ONU y el Consejo de Seguridad son los órganos "ad hoc" para hacerlo. Un país como el nuestro debe dejar constancia, a pesar de las pretensiones hegemónicas de los Estados Unidos de Norteamérica y de la acción de su gobierno al margen y en contra de la Carta de las Naciones Unidas. El asunto, en su contexto ideológico, es muy simple: ¿con qué derecho se arrogan los norteamericanos la llamada defensa de su territorio, frente al terrorismo, a costa del mundo entero? ¿Con qué derecho pretenden exportar su democracia a otros países? ¿Quiénes son ellos para autodenominarse los salvadores de Irak irrumpiendo en su territorio y en el ámbito de su soberanía? ¿Por qué califican a Hussein de dictador y so pretexto de esto lo quieren derrocar? ¿No es el anterior un asunto de la exclusiva competencia de Irak en uso y ejercicio de su soberanía? Lo único que avala y protege a los norteamericanos es la fuerza de las armas, es decir, su gigantesco e insuperable poderío militar. Pero la historia nos compromete, hoy como nunca antes, a oponernos a ello con la razón, la justicia y el más elemental sentido común. ¿Que el precio de hacerlo será muy alto? Probablemente. Pero más alto es el precio de la ignominia, de la complicidad en el derrumbe de los valores superiores de la Humanidad. En el orden internacional deben prevalecer los mismos principios éticos, morales y jurídicos que en el orden nacional e individual. ¡Ni modo! La historia nos ha colocado en la tesitura de defender con la fuerza del espíritu y de la razón los valores del hombre y el destino de la Humanidad, de nuestra Humanidad.

Ha llegado la hora de que México en el Consejo de Seguridad sea congruente con sus principios frente a la barbarie que desplaza al Derecho. Lo contrario sería una vergüenza.

 

Fuente:

El Sol de México, Marzo 27 de 2003

 

 

 

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