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ES HORRIBLE,
criminal, imperdonable, lo que el gobierno de Bush está
haciendo en Irak. No se discute que Saddam Hussein sea un
dictador; pero se trata en la especie de una guerra no
declarada, simulada bajo la palabra "liberación". Se matan, se
asesinan, se acribillan a cientos, miles, de personas
inocentes. Si esto pasara en lo nacional, ¿no sería un delito,
un crimen de lesa humanidad? Por supuesto que sí. Pero cierto
tipo de diplomacia mal vestida de cortesana vuelve a sus
delegados hipócritas y tartufos.
Se
ha dicho con simulada falacia que el Consejo de Seguridad de
la ONU, que por un mes presidirá el embajador de México, tiene
facultades limitadas, y más aún las tiene el presidente del
mismo. Así que tal Consejo, según la anterior versión, puede
ver que el mundo se derrumbe, que un país invada a otro, que
se pasen por alto todos los principios acordados en las
Naciones Unidas yÉ a guardar silencio se ha dicho frente al
poderoso que esgrime armas y poder mortíferos como nunca antes
vistos.
En
México algunos alegan, bajo la sombra espesa y tenebrosa de un
pragmatismo cobarde, que debemos sacar partido de la
inevitable vecindad con Estados Unidos. Entonces declaremos
que el Estado de Derecho es un mito, una utopía, y que la
legalidad internacional no sirve para nada, salvo para
acomodarla, como capa fúnebre, sobre los hombros pestilentes
de unos interlocutores que cabalgan en monturas apocalípticas.
Es
por ello que el embajador de México Adolfo Aguilar Zínser
tiene la obligación histórica, moral, jurídica, de invitar a
los miembros del Consejo que preside a que recapaciten en la
atrocidad de esta guerra. ¿O ello rompería con el protocolo y
con sus deberes? Millones de gente protestan, cada día más, y
claman por que se acabe la conflagración, por que cese el
fuego. Pero clamar por esto equivale, quiérase que no, a
condenar al que inició el conflicto bélico. Claro, se necesita
un enorme valor humano para decirlo en el seno de las Naciones
Unidas, para decirlo clara y abiertamente, sin tapujos.
Lo
extraño, lo paradójico, es que lo dicho por miles, por
millones de mexicanos, no tenga resonancia, eco y voz en las
Naciones Unidas. Se trata no sólo de pedir que cese la guerra
y de invocar la paz sino de manifestar, con firmeza, que el
camino seguido por el gobierno de Bush |
es equivalente al
genocidio y a una atrocidad de dimensiones apocalípticas.
¿Exagero? Que recuerde el lector lo siguiente, difundido en el
mundo entero, y que luego juzgue.
El
gobierno de Estados Unidos se lavó las manos por el asesinato
de decenas de civiles iraquíes; en su mayoría niños y mujeres,
a manos de ataques indiscriminados de tropas estadunidenses
ocurridos esta semana cerca de la ciudad de Karbalá y en la
localidad de Al-Hilla.
"El presidente lamenta siempre cualquier pérdida de vida
inocente y reconoce que muchos inocentes han muerto en esta
guerra a manos de Saddam Hussein y de sus secuaces. Es a ellos
a quienes hay que culpar por la muerte de inocentes", dijo
cínicamente el portavoz de la Casa Blanca Ari Fleischer. "Como
lo han visto ustedes en los reportajes de varios periodistas
que acompañan a las tropas en Irak, el régimen de Saddam
Hussein está colocando a niños y a mujeres entre las fuerzas
de Estados Unidos y las iraquíes. ¿Qué tipo de depravación es
ésta?
Esa es la naturaleza del régimen al que nos estamos
enfrentando", intentó justificar el propio Fleischer. Al mismo
tiempo, Aguilar Zínser reconoció que el papel del presidente
del Consejo es, por definición y mandato de la Carta de la ONU,
muy limitado, pero indicó que la voluntad del gobierno de
México es contribuir al multilateralismo y al fortalecimiento
de Naciones Unidas. Palabras que en principio no corresponden
a la hora dramática que vive el mundo. Nada ni nadie pueden
limitar, a su vez, a un embajador en la ONU para que denuncie
un crimen de dimensiones inconmensurables.
¿Y
en el ínter qué sucede en Irak? Lo dice y explica en lacónicas
palabras un reportaje en "The Washington Post" acerca de la
matanza de alrededor de quince personas, incluidos niños y
mujeres, que viajaban en un vehículo cerca de la localidad de
Najaf para escapar de la catástrofe. "¡Han matado a una
familia porque (los soldados norteamericanos, los "héroes" de
Bush) no dispararon un tiro de advertencia lo suficientemente
rápido!", gritó el capitán de la unidad de viajeros al jefe
del pelotón norteamericano en un puesto de vigilancia. Pero
amigo lector, qué importaÉ los soldados norteamericanos pueden
hacer lo que les venga en gana. Son "héroes".
En
cambio los otros, los invadidos y sacrificados, si se
defienden son criminales, rompen las leyes de la guerra e
incurren en barbaridades incalificables. Habría que
recordarles a los diplomáticos bien o mal vestidos, serviles o
no, acomodadizos o subrepticios, que la onda de David es en
última instancia el recurso final, y el más grande, de los que
frente a Goliat tuvieron alguna vez miedo.
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