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El agua del molino

México y el crimen de Bush

RAUL CARRANCA Y RIVAS

ES HORRIBLE, criminal, imperdonable, lo que el gobierno de Bush está haciendo en Irak. No se discute que Saddam Hussein sea un dictador; pero se trata en la especie de una guerra no declarada, simulada bajo la palabra "liberación". Se matan, se asesinan, se acribillan a cientos, miles, de personas inocentes. Si esto pasara en lo nacional, ¿no sería un delito, un crimen de lesa humanidad? Por supuesto que sí. Pero cierto tipo de diplomacia mal vestida de cortesana vuelve a sus delegados hipócritas y tartufos.

Se ha dicho con simulada falacia que el Consejo de Seguridad de la ONU, que por un mes presidirá el embajador de México, tiene facultades limitadas, y más aún las tiene el presidente del mismo. Así que tal Consejo, según la anterior versión, puede ver que el mundo se derrumbe, que un país invada a otro, que se pasen por alto todos los principios acordados en las Naciones Unidas yÉ a guardar silencio se ha dicho frente al poderoso que esgrime armas y poder mortíferos como nunca antes vistos.

En México algunos alegan, bajo la sombra espesa y tenebrosa de un pragmatismo cobarde, que debemos sacar partido de la inevitable vecindad con Estados Unidos. Entonces declaremos que el Estado de Derecho es un mito, una utopía, y que la legalidad internacional no sirve para nada, salvo para acomodarla, como capa fúnebre, sobre los hombros pestilentes de unos interlocutores que cabalgan en monturas apocalípticas.

Es por ello que el embajador de México Adolfo Aguilar Zínser tiene la obligación histórica, moral, jurídica, de invitar a los miembros del Consejo que preside a que recapaciten en la atrocidad de esta guerra. ¿O ello rompería con el protocolo y con sus deberes? Millones de gente protestan, cada día más, y claman por que se acabe la conflagración, por que cese el fuego. Pero clamar por esto equivale, quiérase que no, a condenar al que inició el conflicto bélico. Claro, se necesita un enorme valor humano para decirlo en el seno de las Naciones Unidas, para decirlo clara y abiertamente, sin tapujos.

Lo extraño, lo paradójico, es que lo dicho por miles, por millones de mexicanos, no tenga resonancia, eco y voz en las Naciones Unidas. Se trata no sólo de pedir que cese la guerra y de invocar la paz sino de manifestar, con firmeza, que el camino seguido  por  el  gobierno  de Bush

es equivalente al genocidio y a una atrocidad de dimensiones apocalípticas. ¿Exagero? Que recuerde el lector lo siguiente, difundido en el mundo entero, y que luego juzgue.

El gobierno de Estados Unidos se lavó las manos por el asesinato de decenas de civiles iraquíes; en su mayoría niños y mujeres, a manos de ataques indiscriminados de tropas estadunidenses ocurridos esta semana cerca de la ciudad de Karbalá y en la localidad de Al-Hilla.

"El presidente lamenta siempre cualquier pérdida de vida inocente y reconoce que muchos inocentes han muerto en esta guerra a manos de Saddam Hussein y de sus secuaces. Es a ellos a quienes hay que culpar por la muerte de inocentes", dijo cínicamente el portavoz de la Casa Blanca Ari Fleischer. "Como lo han visto ustedes en los reportajes de varios periodistas que acompañan a las tropas en Irak, el régimen de Saddam Hussein está colocando a niños y a mujeres entre las fuerzas de Estados Unidos y las iraquíes. ¿Qué tipo de depravación es ésta?

Esa es la naturaleza del régimen al que nos estamos enfrentando", intentó justificar el propio Fleischer. Al mismo tiempo, Aguilar Zínser reconoció que el papel del presidente del Consejo es, por definición y mandato de la Carta de la ONU, muy limitado, pero indicó que la voluntad del gobierno de México es contribuir al multilateralismo y al fortalecimiento de Naciones Unidas. Palabras que en principio no corresponden a la hora dramática que vive el mundo. Nada ni nadie pueden limitar, a su vez, a un embajador en la ONU para que denuncie un crimen de dimensiones inconmensurables.

¿Y en el ínter qué sucede en Irak? Lo dice y explica en lacónicas palabras un reportaje en "The Washington Post" acerca de la matanza de alrededor de quince personas, incluidos niños y mujeres, que viajaban en un vehículo cerca de la localidad de Najaf para escapar de la catástrofe. "¡Han matado a una familia porque (los soldados norteamericanos, los "héroes" de Bush) no dispararon un tiro de advertencia lo suficientemente rápido!", gritó el capitán de la unidad de viajeros al jefe del pelotón norteamericano en un puesto de vigilancia. Pero amigo lector, qué importaÉ los soldados norteamericanos pueden hacer lo que les venga en gana. Son "héroes".

En cambio los otros, los invadidos y sacrificados, si se defienden son criminales, rompen las leyes de la guerra e incurren en barbaridades incalificables. Habría que recordarles a los diplomáticos bien o mal vestidos, serviles o no, acomodadizos o subrepticios, que la onda de David es en última instancia el recurso final, y el más grande, de los que frente a Goliat tuvieron alguna vez miedo.

 

Fuente:

El Sol de México, Abril 3 de 2003

 

 

 

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