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El agua del molino

Las dos tumbas

RAUL CARRANCA Y RIVAS

LOS CAMPESINOS de Nápoles conservan después de siglos un viejo proverbio: "Cuando comiences una vendetta, cava siempre dos tumbas". Esto lo deberían tener muy en cuenta todas las partes beligerantes en el conflicto de Irak, en especial quienes lo iniciaron y que hoy llevan a cabo una matanza espantosa sin guerra justa o declarada, de espaldas a las Naciones Unidas, sin legítima defensa y sólo pretextando la existencia de arsenales atómicos y químicos, bacteriológicos, que aún no aparecen. Claro, la soberbia, el orgullo, echan raíces en la siniestra personalidad de Bush y de sus seguidores. ¿Será el petróleo? ¡Tanto se ha dichoÉ! Pero yo recuerdo a Comte en sus pensamientos y preceptos: "El orgullo nos divide -escribe- aún más que el interés". Orgullo satánico cuyo único sostén es el poder de las armas y el del dinero. ¿Y México qué? ¿Dónde se queda? ¿Qué papel juega en una historia "ad náuseam", repetida y horriblemente insistente en la televisión? ¡Hasta se maquillan los comentaristas y se visten ad hoc para informar! ¿Podemos cruzarnos de brazos? ¿Debemos? La mayoría de la gente "oficial" en México o en la ONU soslaya un hecho concreto, a saber, la responsabilidad del gobierno de Bush en la masacre siniestra, abominable. Claman a favor de la paz y del cese inmediato del conflicto; proponen planes y proyectos para la reconstrucción del país víctima; primero asesinan y luego llevan médicos, enfermeras y medicinas; sugieren nombres en un posible gobierno iraquí de transición después del aniquilamiento. Algo semejante a si uno sólo se fijara en la reparación del daño causado por un asaltante y ladrón que se tiene a la vista, ignorando su fechoría y su evidente responsabilidad. Por eso en ocasiones la diplomacia es una falaz estratega que se acomoda en cualquier cama. Aunque también a menudo cava la tumba ajena y la propia.

Esto es también cavar dos tumbas, como las cava Bush.

Leo en el periódico que nuestro embajador ante el Consejo de Seguridad de la ONU y presidente del mismo durante un mes, Adolfo Aguilar Zínser, dice con impecable tono que "este no es el momento de pensar en recriminaciones, sino de actuar con responsabilidad inmediata para que por la vía diplomática se logre poner fin a la guerra". O sea, hay que dejar a un lado a los responsables de la matanza, no recriminarles nada (y aquí incluyo a los  dos  bandos  en pugna), olvidarse del Derecho nacional e internacional, de la legalidad y  de  aquellos  principios

que son la base y sustancia de las Naciones Unidas y del mundo civilizado. Sin duda qué fuerte han pegado las palabras de Tony Garza, o Antonio Garza, el embajador de Estados Unidos, de origen mexicano y que hoy luce con orgullo la nacionalidad norteamericana convencido a ultranza, ¡cómo no!, del "sueño americano" (sueño para ellos y pesadilla para millones de seres humanos allende sus fronteras). "El desacuerdo entre México y Estados Unidos -ha declarado Garza- respecto del ataque militar en Irak tendrá consecuencias en el Congreso norteamericano para la agenda de temas de interés mexicanoÉ Hay una percepción en el Congreso de que México no es el gran apoyo como podría serlo". ¡Ah, caray! No somos un Estado asociado como deberíamos ser para el Departamento de Estado y para Garza, si no de "iure" sí de facto. ¡Qué fuerte han pegado las palabras de Tony Garza! Tan fuerte que el canciller Derbez ha señalado que el gobierno de México mantiene su postura de que el programa de reconstrucción de Irak y la ayuda humanitaria se realicen por medio de la ONU. Es de reconocer al efecto lo positivo de tal idea a la que, como es sabido, se opone Estados Unidos, pero la "diplomacia" de Derbez y de Aguilar Zínser omite un hecho indiscutible, lo pasa por alto: la responsabilidad legal, jurídica, criminal, del gobierno de Bush y del mismo Bush en un genocidio manifiesto (igual que el "destino manifiesto"). ¡No se atreven a denunciarlo! A lo sumo lo sugieren a medias tintas. Nada más. Por cierto, el "destino manifiesto" es una frase que fue utilizada por los líderes y políticos norteamericanos en la década de 1840 para explicar o "justificar" la expansión continental de Estados Unidos. Vale la pena recordarlo, ya que nos atañe directamente, además de que ello revitalizó el sentido de misión o de destino nacional en Norteamérica. La tesis es simple y cruenta. Se trata de inculcar en los demás las "fronteras de la libertad" expandiendo su "idealismo" y su fe en las "instituciones democráticas" hasta llegar a aquellos (en la época en éste continente) que de acuerdo con su juicio eran capaces de gobernarse a sí mismos. ¿Y los que no? A excluirlos, como a los indios americanos y a los que no tenían un claro origen europeo. En suma, Dios eligió a Estados Unidos para ser una potencia política y económica, es decir, una nación superior. No hay que olvidar que un tal periodista John L. O´Sullivan, en 1845 y en la "Democratic Review" de Nueva York, elaboró la famosa frase y apoyó la anexión de Texas. Y no cuesta trabajo entender que en las horas trágicas que vive el mundo el "destino manifiesto" ha llegado hasta Irak.

Por eso en ocasiones la diplomacia es una falaz estratega que se acomoda en cualquier cama. Aunque también a menudo cava la tumba ajena y la propia.

 

Fuente:

El Sol de México, Abril 10 de 2003

 

 

 

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