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PARA LOS QUE CREEN que la llamada
globalización es sinónimo de agotamiento o muerte de las
soberanías, es decir, de la autonomía e independencia de los
países del mundo, habría que recordarles que esto equivaldría
a tener y aceptar un país rector; porque por más ingenuo que
se sea no es admisible suponer que esas soberanías anden al
vuelo, sin rumbo y perdidas. O sea, requerirían en el caso de
una especie de país policía. Lo que pasa es que ya lo tenemos
y con su enorme, gigantesco, poder económico, militar y
político arrasa todo lo que se oponga a sus intereses de
predominio imperialista. Los que duden de ello que se atengan,
por favor, a las siguientes declaraciones de Collin Powell,
Secretario de Estado norteamericano, quien aseguró a la prensa
extranjera que los Estados Unidos no son la policía del mundo.
"No pretendemos aterrorizar a la gente... si por lo que
hicimos en Irak nos caracterizan como a una policía del mundo,
entonces somos una policía necesaria", subrayó durante una
reciente rueda de prensa con periodistas extranjeros. Palabras
funestas que hoy por hoy presagian el aniquilamiento del
Derecho y del orden jurídico internacionales. La guerra en
contra de Irak es el mejor ejemplo. Pero ahora sucede que la
presión norteamericana se extiende hacia diversas zonas
geográficas del planeta para demandar que en Ginebra se vote
en contra de Cuba. En efecto, y en lo que atañe a México, el
gobierno de Vicente Fox votará el día de hoy a favor de una resolución
presentada en Ginebra y que condena el trato otorgado por el
régimen de Fidel Castro a los Derechos Humanos. Se añade
además que un relator especial de la ONU visite la isla para
evaluar la situación de tales Derechos. Aunque respecto al
fusilamiento de tres cubanos el pasado viernes 11 de abril el
vicecanciller cubano ha sostenido que esas personas cometían
actos de terrorismo en contra de la isla. "Nosotros tenemos
que defender nuestra soberanía", concluyó.
Se podrá estar de acuerdo o no con
el régimen político que gobierna la isla de Cuba. Lo evidente,
sin embargo, es que es un asunto de ellos, que única y
exclusivamente concierne a los cubanos. Salvo que una idea
demoledora impregne la atmósfera del mundo. ¿Cuál? La del
Presidente de los Estados Unidos, Bush, quien amenazó con
lanzar una guerra similar a la de Irak en contra de los países
enemigos de
Washington y que
además están |
apoyando a grupos terroristas.
"Nuestra victoria en Irak será un avance crucial en la guerra
contra el terrorismo, pero la lucha continúa... desde el día
que nuestro país fue atacado (el 11 de septiembre de 2001)
hemos enviado un mensaje muy claro a todos los que nos
amenazan, a nuestros amigos y aliados: los Estados Unidos de
América y nuestra coalición nos defenderemos. Cuando hicimos
el juramento (como Presidente) nos comprometimos, sostendremos
nuestra palabra y lo que empezamos lo terminaremos". Palabras
las anteriores de George W. Bush en el Jardín de las Rosas de
la Casa Blanca. ¿Qué nos queda? ¿Qué le queda a México? Sólo
la dignidad y el recurrir a la razón y a la fuerza del
Derecho.
Lástima que ahora Fox le pase las
manos sobre el hombro al grotesco Presidente norteamericano,
después de haberse opuesto a la solución del problema de Irak
por medio de las armas, y en vez de abstenerse en Ginebra haya
ordenado que se condene a Cuba. Por cierto, si los padres
conscriptos fundadores de los Estados Unidos se levantaran de
sus tumbas volverían a caer en ellas; porque nunca, jamás,
sostuvieron que defender a su país era o sería equivalente de
arrasar al mundo y allanar soberanías ajenas. Qué lamentables
las palabras del Canciller Derbez al calificar de deplorable
la sentencia de muerte emitida en Cuba. No es asunto suyo y
como diplomático debería de ser más prudente y cauto. Pero ya
sabemos, recibió órdenes. Y no es que aquí se defienda la pena
de muerte y las posibles atrocidades cometidas. A lo que uno
se opone es a husmear en los asuntos internos de otras
naciones, a juzgarlas, siguiendo al pie de la letra la
partitura orquestada por Bush. Yo hago absolutamente mías las
palabras edificantes del Ombudsman mexicano, Doctor José Luis
Soberanes Fernández, que recomendó al gobierno de Fox
abstenerse de votar en contra de Cuba. “El que esté libre de
pecado que arroje la primera piedra”, afirmó. Tal es la
dignidad, la inteligencia y el sentido común que hubiéramos
deseado distinguiera al gobierno de Fox. Pero no fue así. Por
último, no hay que olvidar que el gobierno de Bush no acepta
las críticas que se le hacen en el sentido de ser un gobierno
imperialista que se aprovecha de su poder militar para atacar
a países pequeños que no comparten sus ideas. El Presidente de
los Estados Unidos insiste en que sus ideas de política
exterior son para liberar a pueblos sometidos a gobiernos
opresores y autoritarios, como el de Hussein en Irak.
¿Y quién juzga si un gobierno es
opresor o autoritario? Sólo el capricho del siniestro huésped
de la Casa Blanca. Que no lo olvide Fox, que no lo olvide
México.
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