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ES MUY delicada la
situación del gobierno de México en lo que atañe a los Estados
Unidos y a su guerra en contra de Irak. La única justificación
posible de ésta, y siempre muy relativa por la intervención
unilateral de nuestros vecinos del norte, desdeñando a las
Naciones Unidas y a la mayoritaria opinión pública del mundo,
era o es el supuesto arsenal atómico y de armas químicas en el
país del derrocado presidente Hussein; aparte el hecho, claro,
en el que tantas veces se ha insistido, de que los Estados
Unidos no son quiénes para regular el destino de otras
naciones ni imponerles su sistema democrático. Y digo que es
una situación muy delicada porque el exjefe de inspectores de
armas de las Naciones Unidas en Irak, Hans Blix, acaba de
denunciar en Madrid (22 de abril), en una entrevista difundida
por la prensa británica, el empleo de documentos falsos para
justificar la guerra contra Bagdad. Si Blix logra demostrar
indubitablemente su afirmación, ello es de la mayor gravedad.
"Era inquietante ver cómo muchos de los reportes de
inteligencia en los que se basaron las capitales (Londres y
Washington) para construir su caso contra Irak eran tan poco
sólidos", afirmó Blix en declaraciones a la "British
Broadcasting Corporation" (BBC) de Londres. Blix tenía
previsto participar, el martes pasado, en una reunión a puerta
cerrada del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en su
sede de Nueva York. Ojalá lo haya hecho. Consejo que hasta el
día de hoy preside el embajador de México.
Ahora bien, de demostrarse cabalmente el aserto del exjefe
de inspectores de armas qué debe hacer México, qué su
embajador. Si se dijera que como presidente del Consejo de
Seguridad no puede hacer nada, yo sostengo que sí puede en su
calidad de embajador mexicano. O sea, debe |
o debería denunciar una irregularidad mayúscula en una "guerra
preventiva" o en una invasión del territorio y de la soberanía
de otro país. Bush le gritó al mundo entero que en lo de Irak
luchaba o lucharía a su favor, para defenderlo del horror del
poder atómico de un dictador y de sus armas químicas. Esto se
dijo, esto se nos dijo. Y a esto bien que mal se plegó México.
El jefe o exjefe de la Misión de las Naciones Unidas para el
Monitoreo, Verificación e Inspección (UNMOVIC) afirmó así
mismo que hay "ejemplos flagrantes" del uso de documentos
falsos, entre ellos el presunto contrato entre Irak y Nigeria
para importar 500 toneladas de uranio. ¿Qué procede hacer aquí
en aplicación del Derecho Internacional? ¿Puede o debe México,
que es lo que nos interesa, guardar silencio o soslayar la
evidencia de un fraude, de un engaño de esas proporciones? Por
lo menos hay que reclamar con la mayor energía que se
presenten pruebas documentales, testimoniales o periciales,
según el caso, en el seno de las Naciones Unidas y ante la
conciencia del mundo. ¿O se van a permitir y hasta aplaudir
los juegos sucios en el terreno internacional? ¿Con qué cara,
entonces, defenderíamos los principios jurídicos de nuestra
política exterior? ¿Con qué cara o con qué máscara? Lo
perturbador es que el equipo de inspectores de Blix se retiró
de Irak sin concluir su misión y poco antes de que los Estados
Unidos iniciara su ofensiva militar. El gobierno de los
Estados Unidos por su parte se niega rotundamente al regreso
de los inspectores a Bagdad.
En suma, todo indica que los Estados Unidos infiltraron de
manera deliberada historias falsas sobre la presencia de armas
atómicas y químicas en Irak, a pesar de que nunca se encontró
tal evidencia, con el fin de obtener el apoyo del Consejo de
Seguridad para apoyar su guerra. Ahora qué. ¿Se resolverá tan
dramático asunto por la vía de la "diplomacia conciliadora" o
México deberá sostener la razón del Derecho? ¿Qué pensará y
qué decidirá Fox al respecto?
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