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En el lamentable
rompimiento con Cuba hay por lo menos dos sofismas que ha venido manejando
el gobierno de México; aparte de las actividades aún no probadas y
supuestamente realizadas en nuestro país por dos integrantes del Partido
Comunista cubano, y de la deportación del empresario Carlos Ahumada.
Primer sofisma: que se rompe con el gobierno de Fidel Castro y no con el
pueblo cubano. Segundo: que Castro es un dictador que no respeta los
derechos humanos, lo cual llevó al voto en Ginebra (hecho que por cierto y
en medio de graves contradicciones se anunció en Washington antes que
aquí). Y son sofismas porque la diferenciación entre el Comandante y su
pueblo sólo es posible suponiendo, y por ende juzgando, que el pueblo
Cubano no está con Castro. Ello obviamente sería intervenir en un espacio
de la exclusiva competencia de ese pueblo, de su soberanía. Y decir que
Castro es un dictador que viola los derechos humanos de su pueblo es
asunto, también, del propio pueblo cubano; salvo que dichas violaciones
repercutieran en otros países y naciones afectando el orden y la concordia
internacionales.
Así, en estos términos, ni
más ni menos, operó durante años nuestra famosa Doctrina Estrada,
calificada hoy por algún ignorante como “política y diplomacia de
avestruz”.
La equivocada decisión del
gobierno de México y más concretamente de Fox Quesada se fundamenta en dos
artículos constitucionales: el 89 fracción X y el 33. Estos,
respectivamente, facultan y obligan al Presidente de la República a
dirigir la política exterior pero observando los principios normativos de
autodeterminación, no intervención, solución pacífica de controversias,
igualdad jurídica de los Estados y lucha por la paz y seguridad
internacionales, entre otros; tanto como a hacer abandonar el territorio
nacional, inmediatamente y sin necesidad de juicio previo, a todo
extranjero cuya permanencia juzgue inconveniente. Preguntémonos ahora si
en el caso en cuestión se han observado tales principios normativos además
de cómo es posible o entendible que el Presidente aplique el 33, en
concreto al consejero Orlando Silva de la embajada de Cuba, cuando el
mismo Fox ha enviado una iniciativa de ley al Congreso proponiendo, lo que
desde hace muchos años han hecho eminentes juristas mexicanos, que tan
discutible artículo que sin duda propicia la violación de derechos humanos
sea sometido a una ley reglamentaria.
Por todo lo anterior yo soy
de la idea de que se reforme la Constitución para quitarle al Presidente
de la República, sean quien sea, la facultad y obligación de dirigir la
política exterior quedando ella, exclusivamente, en manos del Senado
aunque atendiendo las posibles sugerencias del Ejecutivo de la Unión.
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Ahora bien, lo de “comes y
te vas”, lo del voto en Ginebra, lo del empresario Ahumada (que a mi
juicio no es la causa determinante, ni mucho menos, de la ruptura con
Cuba), lo del reciente discurso de Castro, lo de la no probada ni
demostrada debidamente (sólo referida y narrada con ambigüedad)
intromisión de dos miembros del Partido Comunista de Cuba en asuntos de
México, todo ello se ha dado en una atmósfera de presión clara y evidente,
esta sí, del gobierno norteamericano de Bush. Y francamente, yo no sé los
gustos del Canciller Derbez, sea dicho con el mayor respeto, pero lo
insultante no es sugerir que los Estados Unidos influyeron en la decisión
de romper con Cuba sino darnos atole con el dedo queriendo ignorar las
brutales coacciones del actual gobierno norteamericano sobre el de México.
Coacciones antes las cuales y en gran medida han sucumbido Fox y gran
parte de su equipo. ¿Y será casualidad, mera casualidad o coincidencia, el
hecho de que el destructor de Irak, del pueblo de Irak (hombres, mujeres y
niños), sin ninguna prueba fehaciente de armas nucleares, escuche con
particular interés las sugerencias de la Comisión de Asistencia para la
Liberación de Cuba, creada por él y presidida por el secretario de Estado
Colin Powell, en el sentido de tomar “medidas adicionales” para propiciar
un “fin expedito de la dictadura en Cuba”? ¿Alguien pensará que el
gobierno de Fox no es una pieza importante en esa política internacional
agresiva? Aunque concedo que si el Presidente no lo viera es entonces muy
cándido por prestarse al juego de Bush.
Se pudo, se pudo y se debió
ser más cauteloso, prudente e incluso diplomático en lo de Cuba; solicitar
por supuesto una explicación del discurso agresivo de Castro y de la
presencia sospechosa (insisto, hasta hoy no se han ofrecido pruebas claras
al efecto) de Arbezú y Lovaina en México. Y protestar severamente si la
explicación no satisfacía. Pero la medida extrema que se ha tomado, salvo
que se quiera insultar a lo mejor de nuestro pueblo tildándolo de
ignorante e incapaz de razonar, obliga a sospechar y suponer que la
extrema derecha mexicana, hoy en el poder por indiscutible decisión del
pueblo en el 2000 (qué pensarán ahora esos miles o millones de votantes),
busca todos los medios y caminos para congraciarse con el gobierno de Bush
cediendo a sus presiones tácitas o expresas, directas o indirectas. No se
trata de que el gobierno de México le consulte al de los Estados Unidos
qué hacer. Sólo un imbécil puede pensar esto. Se trata y todo indica que
se ha tratado de abrir bien los oídos a las sugerencias de Washington.
Una última cosa. El
Canciller Pérez Roque, según su promesa, “aplastó” ayer (en sus
declaraciones ante la prensa) “las falacias de México”. Nada más que no
son las falacias de mi país, señor Canciller. Si usted las ve así serán,
en última instancia, las falacias del gobierno en turno. Qué triste, el
“comes y te vas” llegó hasta sus últimas consecuencias.
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