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El agua del molino

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RAUL CARRANCA Y RIVAS

JEFE DE GOBIERNO, o sea, quien precisamente debe gobernar; lo que implica dirigir un país o una colectividad política de acuerdo con el llamado Estado de Derecho, bajo el imperio de la Constitución y de las leyes. En tal virtud y en mi calidad de ciudadano, de elector, de gobernado y por supuesto de jurista me permito reflexionar al tenor siguiente. Hay un gran desconcierto e incertidumbre en las horas que corren, los cuales culminan esta mañana del jueves 7 de abril de 2005, por la inminente declaración de procedencia que emitirá el pleno de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión en perjuicio del Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Al respecto el alto funcionario ha declarado en repetidas ocasiones que no solicitará ante la autoridad judicial la libertad bajo caución, teniendo derecho a ella ya que no es grave el delito cuya comisión se le imputa, y que tampoco recurrirá a la vía del amparo con el objeto de que se suspenda la ejecución de una posible orden de aprehensión para ponerlo en manos de un juez. En cambio ha convocado a sus partidarios y seguidores a manifestaciones en la calle, a protestas en la vía pública, con el gravísimo y evidente riesgo de un dramático conflicto social. Yo creo como tantos mexicanos que esa es una estrategia política equivocada que no guarda relación con la legalidad.

En efecto, habida cuenta de las circunstancias, de los hechos concretos, por qué el Jefe de Gobierno, que insiste en su inculpabilidad, en su inocencia, alegando que hay un complot para aniquilarlo, una confabulación manipulada por el Gobierno Federal para descalificarlo como aspirante a la Presidencia de la República, no pide, si es que el pleno de la Cámara de Diputados opta por aquella declaración, el amparo y protección de la Justicia Federal ante la virtual orden de aprehensión que lo pondría a disposición de un juez. Si lo hace logrará a mi juicio dos cosas: primera, evitar la suspensión de su derecho o prerrogativa de poder ser votado para un cargo de elección popular (en el caso el de Presidente de la República), ya que no se hallaría sujeto a un proceso criminal (fracción II del artículo 38 de la Constitución), y segunda no ser separado de su encargo de Jefe de Gobierno por no estar sujeto a proceso penal (artículo 111 de la Constitución); contando además con la oportunidad de probar su inocencia, tan pregonada por él, durante la tramitación del juicio de amparo. Añado, con el propósito de desvirtuar un error muy difundido, que si el pleno de la Cámara de Diputados decide votar a favor de la declaración de procedencia no por ello cesará automáticamente en sus funciones el Jefe de Gobierno, porque el artículo III constitucional que ya he citado dice en lo conducente: "El efecto de la declaración de que ha lugar a proceder contra el inculpado será separarlo de su encargo en tanto esté sujeto a proceso penal´´. Y no estará sujeto a proceso en estricto derecho sino hasta que el juez así lo resuelva. En consecuencia clara y evidente el amparo podría impedir esa sujeción.

Ahora bien, para qué armar el alboroto en las calles. Yo sostengo que no hay mejor protesta, en caso de considerarse el individuo víctima de una injusticia, que recurrir a la legalidad y al Derecho. En especial si se aspira a la Presidencia de la República, pues quien pretende fungir como estadista no puede, no debe, darse el lujo, sobre todo si tiene en su haber un importante flujo de posibles votos, de desdeñar la legalidad y la constitucionalidad. No dudo ni un segundo que el Gobierno Federal ha aprovechado en su beneficio la situación por la que atraviesa el Jefe de Gobierno para llevar agua a su molino. He incluso para llevarla con una marcada dosis de perversidad. Por eso mismo si el Jefe de Gobierno se sabe inocente que no deje asar por alto la oportunidad de demostrar a sus simpatizantes, al pueblo en general, que no es el demagogo, ni el populista, ni el "chavista´´, señalado con índice de fuego por sus enemigos y por un crecido número de mexicanos, que irresponsablemente concita a la manera del aprendiz de brujo una tormenta política de consecuencias casi impredecibles. Que esgrima en vez de la sin razón de las turbamultas callejeras las armas que el Derecho pone en las manos de cualquier ciudadano. Si logra hacerlo, si se convence de la importancia de ello, divulgará un discurso que México reclama con urgencia y demostrará que cuenta con las necesarias agallas de candidato consciente y patriota.

Fuente:

El Sol de México, Abril 7 de 2005

 

 

 

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