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El agua del molino

Calderón

y la Universidad Pública

RAUL CARRANCA Y RIVAS

(PREMIO UNIVERSIDAD NACIONAL)

El recorte en el presupuesto, de alrededor de cuatro mil quinientos millones de pesos, que el presidente Calderón hizo a las instituciones públicas de educación superior para 2007 (recorte equivalente a casi novecientos millones de pesos a la UNAM) ha sido una especie de soltar la cuerda para ver qué se pesca. Se explica y entiende, que no justifica, en el contexto de lo que se piensa en la Secretaría de Educación Pública acerca de la UNAM, que ha sido y sigue siendo la fuente nutricia de las universidades públicas del interior del país. En efecto, en una información proveniente de tal Secretaría se dice que nuestra Máxima Casa de Estudios ha contribuido "en forma destacada a la formación de los profesionales que requiere el desarrollo del país". ¿Nada más destacada? Es una opinión raquítica y mediocre, mezquina. La verdad es que aquella cuerda soltada no ha producido ningún efecto favorable, sino al contrario. La ola de protestas y críticas adversas, encabezadas por el rector Juan Ramón de la Fuente en defensa de uno de los más importantes centros universitarios del mundo, pone de manifiesto que los primeros pasos del nuevo Gobierno, en la especie, implican desdeñar la trascendencia de la auténtica Universidad Mexicana nacida al calor de los ideales revolucionarios de 1910. Se olvida lamentablemente que el laicismo universitario, que caracteriza a la Máxima Casa de Estudios, no corresponde únicamente al trabajo académico. Es un laicismo liberal, progresista, a favor de la inteligencia crítica, que desde aquí se ha desplazado hacia la política y la actividad económica impulsando el gran proceso educativo nacional.

Ahora bien, este proceso es el motor de la transformación global de México. En un mundo acosado por el impacto de la tecnología, de la llamada globalización y del auge de las ciencias denominadas de la naturaleza, el humanismo universitario es un foco de luminosidad en el desenvolvimiento del espíritu.

 

                       

Todos somos pueblo, aunque hay un pueblo privilegiado y un pueblo que se nutre, que se debe nutrir, de la verdad emanada de las aulas libres y no de las comprometidas con el gran capital. Éste no es malo ni negativo en sí. Al contrario, es bueno porque propicia el trabajo y el auge de la economía, la apertura de los mercados y el crecimiento que se ha dado en llamar sustentable. Pero el pueblo no debe perder el rumbo en universidades de escaparate, cuyo prestigio y solvencia académicos son casi exclusivos de un grupo de selección. Axel Didriksson, universitario de sabiduría sobresaliente, ha dicho con sobrada razón que "la UNAM es el proyecto cultural más destacado con el que contamos los mexicanos". Y por cultura, en este sentido, debemos entender las manifestaciones del alma nacional. ¿Cuál alma? Parece que ello lleva un contenido ideológico decimonónico, cargado de un romanticismo ya obsoleto. No es así. Me refiero al alma, sin resonancias metafísicas ni ardides religiosos, que tiene sus raíces en el ser mexicano que como lo definiera el maestro Samuel Ramos, es el conjunto de esencias y tradiciones que le dan vida a México. Lo evidente es que una cosa son las universidades públicas, donde se enseña e investiga la sustancia popular de nuestra cultura, y otra muy distinta las universidades en que se prepara a los alumnos y estudiantes para insertarse en un devenir mercantilista y económico, en un compromiso empresarial, que no sirve a los intereses generales aunque ayude al crecimiento general del país.

En suma, quienes nos hemos formado en las universidades públicas, y especialmente en la UNAM, tenemos la obligación moral y patriótica de defender nuestro espacio académico, que en rigor es el del pueblo. Palabra ésta que asusta y abruma a los desposeídos de una conciencia nacional; pero que es la revelación de una historia, de una cultura, de unos valores, de una tradición, que ningún Gobierno tiene el derecho de ignorar, soslayar o despreciar.

Fuente:

El Sol de México, Diciembre 14 de 2006

 

 

 

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