Siempre en
esta ciudad a los demasiado grandes recursos de los acusadores tanto el
pueblo entero como los jueces sabios y muy observadores hacia la
posteridad resistieron. No quiero que el acusador aporte al juicio su
poder, no alguna fuerza mayor, no una autoridad eminente, no una excesiva
influencia. Valgan estas cosas para la salvación de los inocentes, para
ayuda de los desvalidos, para auxilio de los arruinados: pero en el
peligro y perdición de los ciudadanos sean repudiadas.
Cicerón
en el
PROMURENA, XXVIII 59.