![]() |
|
![]() |
|
||||
|
I
En la soledad me apoyo porque yo soy diferente. Ni más ni menos que el resto, pues no comparto el dolor, no por soberbia o pudor, sino porque yo lo siento clavado en el corazón.
¿Y puede uno compartir lo que en la entraña se siente? Busco sin tregua el amor como el agua del arroyo que a un agua mayor va a dar. Amor y dolor yo quiero en mi oración silenciosa.
Poco me importa la gente porque yo soy diferente y sólo anhelo aspirar el aroma de la Rosa.
¡Respirar y recordar el vuelo de la mariposa de ese ángel que ya se ha ido al Cielo en que no hay olvido y en que el agua del arroyo se desparrama en el mar!
II
Yo no sé si te he perdido o te has integrado a mí. Lo que sé es que yo te siento recorriendo mis arterias; y aunque a mí ya no tu vengas con tu cuerpo dolorido, siento tu amor en el mío y en mis venas tu presencia.
Entre mis venas y en mi alma Es donde anida el recuerdo Que de recuerdo se ha vuelto Clara presencia de ti. Ya no te alejas de mí porque tu espíritu se halla integrado a mi persona, segundo a segundo en mí, hora tras hora tras hora.
Me has enseñado a vivir aferrado a lo que fuiste y a lo que ahora tú eres. Solo no estoy ni estaré Y hoy te tengo como nunca; ¡como nunca hasta que Dios una mi vida a la tuya!
III
Me dejaste solo y triste desde aquella horrible tarde, hija mía, en que te fuiste. ¿Pero es que en verdad te has ido, o acaso es sólo el olvido del tiempo sólo un suspiro?
|
Y estás tú aquí junto a mí enlazada a este recuerdo con que mi alma te alimenta.
Me haces falta en el momento en que ante Dios yo me inclino pidiéndolo que el destino aminores este lamento, apacigüe esta mi pena, por tenerte y no tenerte, por creer que te he perdido.
Y tanta falta tú me haces que en tu memoria me integro; y al integrarme revivo esa tu forma sagrada. La que el tiempo ya no toca, la que mi alma triste invoca.
Y ahora tý vives en mí, ¡y aparte de mí tu vives!, ¡Eres un ángel que alumbra mi sendero atormentado! ¿Es que acaso yo he pecado y por eso es que he sufrido?
¡Ven a mi vida criatura que el Señor ya me ha quitado y por quitarme me ha dado, y que hoy se integra a mi vida como parte del milagro de la Redención Divina!
Yo ese que tanto he rezado pídole a Dios el alivio de morir para vivir, de vivir hasta que Él quiera, de tenerte junto a mí como ese suspiro alado con que llegaste hasta Dios.
Me dejaste solo y triste, más solo de lo que estaba, perdido en la indiferencia de esta vida atormentada.
¡Pero yo te tengo a ti siempre sonriente a mi lado!
IV
Yo quisiera que al morir tú me cerraras los ojos y envolvieras los despojos de ésta mi sed de vivir.
Y que yo viviera entonces entre tu tierna presencia sin sentir la indiferencia de la gloria del Señor.
Quiero vivir a tu lado la eternidad de la muerte que es la vida más que muerte y a la que no hay que temer.
Yo quisiera que al morir tú ya estuvieras conmigo, que me llevaras contigo hasta la orilla de Dios.
|
Y que me hiciera amar el aroma de lo eterno donde el tiempo ya no es tiempo que lo podamos medir.
Por eso quiero pedir que al morir tú me recibas en el regazo amoroso de tu herida, hija mía,
hija querida de mi alma, de mi alma mi hija querida, hija conmigo de Dios, y que juntos reposemos
en la gloria del Señor.
V
Tú no has podido morir lo que por muerte se entiende, a la muerte que tememos sin poderla percibir.
Tan aferrados estamos a lo que en polvo se vuelve que al morir alguien pensamos que en él ya todo se pierde.
Pero el
espíritu vuela, que no hay poder que detenga ni fuerza por contenerle.
Por eso trocar tristeza por alegría al yo perderte no es dejar ya de quererte, ni de causar extrañeza.
Tú ya vives en el mundo que es mundo en verdad del alma, que es la vida verdadera más que de carne quimera.
Yo en cambio insisto en soñar en la prisión de este cuerpo que no escapa a tu recuerdo y que me impulsa a llorar.
Mas de qué llorar si tú debes llorar porque yo lloro perdido y contrito sin entender lo que pasa.
Yo me esfuerzo por saber cuál es la vida que vive. Y de pronto ya lo sé: la vida que vives tú.
Pero te extraño hasta el grado de ya yo vivir sin mí, sin tu preciosa presencia, sin tu cuerpo tan florido.
Sin embargo yo afligido puedo vivir ya sin ti... porque yo vivo contigo pues jamás yo te perdí.
|
||